25. Los pensamientos de Milena
Aquel no dudo en fijar sus ojos en mi a causa de las expresiones que yo había formado en mi rostro situación a la que reacciono dibujando una sonrisa con evidente desconcierto.
— ¿Qué haces? — con curiosidad le cuestione.
— Pues me quitare la camisa para poder abrigarte.
— No es necesario, no la necesito.
— Segura, estás temblando bastante.
— Segura, solo quédate hay quieto no es necesario que hagas nada más.
Eh de ustedes imaginarse que, aunque pronuncie aquellas palabras aque