24. Déjame cuidar de ti pequeña testaruda (Milena rechaza a Alexander)
Finalmente la paz llego entre ambos la tranquilidad nos arropo mientras que cada uno se disponía a permanecer sentado frente a la hoguera semi encogidos por la incidencia del frío mientras este hacía estragos sobre nuestros cuerpos.
Un tanto alejados el uno del otro permanecíamos mientras que el sonido de la lluvia ligado a los rayos y truenos que golpeaban constantemente la bóveda celeste nos mantenían alerta, era un temporal sumamente horrible como nunca nos había quizás tocado vivir a ninguno