Giacomo abrió la boca con desgana cuando Carmine le acercó la cuchara. Al probar la comida, hizo una mueca de desagrado. Nada le parecía más insípido que la comida de hospital, y después de tantos días allí, le gustaba cada vez menos.
—Daría cualquier cosa por comer algo diferente.
—Pobre bebé —se burló Carmine, ofreciéndole otro bocado—. Te prometo que en cuanto estés mejor podrás comer lo que quieras, hasta entonces es mejor seguir las indicaciones del médico.
Giacomo ni siquiera intentó di