Giacomo miró a Carmine por el rabillo del ojo. Durante todo el viaje, ella se había mantenido en silencio, y la única vez que él intentó hablarle, ella lo miró con los ojos brillando de furia, así que optó por callarse y esperar.
No era de los que se asustaban fácilmente, pero había visto a su novia enfurecida en el pasado y era como un soldado listo para matar a lo que se le atravesara en frente. El embarazo solo había intensificado su temperamento, volviéndola más impredecible y, en su opinió