Giacomo maldijo en silencio al ver a Arianna. Cuando creyó que su día no se podía poner peor, estaba equivocado. No estaba de humor para enfrentarse a ella, no después de haber perdido en el tribunal.
Era consciente de que no siempre iba a ganar, pero eso no hacía que fuera más fácil aceptar las derrotas. Y esa derrota, en particular, lo había dejado furioso. El bastardo al que el juez había liberado por "falta de pruebas" merecía estar tras las rejas, no caminando libre por las calles. El tipo