Carmine se acercó con una sonrisa amable a la enfermera, una mujer de alrededor de cincuenta años, que estaba detrás del mostrador. En su mano llevaba un ramo de flores frescas, las preferidas de la madre de Giacomo.
Carmine se había tomado la tarde libre para poder visitar a Constanza. Sabía que la madre de Giacomo necesitaba compañía y a ella no le molestaba ir a verla algunas veces al mes. Nunca estaba segura de que esperar cuando se reunía con ella, pero no por eso le gustaba menos ir a ver