Carmine se retocó el labial con cuidado antes de levantarse y salir del vestidor.
Giacomo, quien la había estado esperando en la habitación, sentado en el pequeño sofá que, acomodado en un rincón, se levantó al escuchar sus pasos.
—¿Qué tal me veo? —preguntó Carmine.
Giacomo entrecerró los ojos y se tomó un instante para revisarla detenidamente.
—Necesito verte mejor —dijo él, haciendo un gesto con el dedo para que girara.
Carmine sonrió, pero le hizo caso. Cuando volvió a mirarlo al rostro, él