Carmine le entregó los documentos recién firmados a su secretaria, esbozando una ligera sonrisa al notar cómo ella miraba a su padre de reojo. Bria se ganó algunos puntos extra por mantener la compostura, al no mostrar nerviosismo o temblar, algo poco común en quienes se encontraban frente al imponente Adriano Morelli. Quizás su actitud serena se debía a que lo conocía de antes, pero, aun así, era digno de admiración.
—Gracias, Bria —dijo Carmine—. No te olvides concertar una cita con los alema