—Amigo… Lo veo y no lo creo. —James se recostó en el mueble. Estaba tan relajado y gracioso, todo le causaba gracia mientras que a su amigo, todo le asustaba.
¿Cómo había llegado hasta allí?
—Él que no lo cree soy yo. Que Ana no me haya dicho que soy padre me hierve la sangre. Sabes… Es que no lo creo. —seguía negando con la cabeza. Se sentía mareado.
—Yo tampoco… —su amigo James negaba riéndose— Es muy bonita, no salió a ti.
El volteó y imaginó a la pequeña una vez más, había perdido la cu