E P Í L O G O
Había pasado cinco meses, cinco en que decidí salir por esa puerta de mi oficina y firmar con el notario mi acta de matrimonio, fue una locura total.
Nos quedamos en Nueva York, solo estábamos a kilómetros de nuestra antigua vida y nada ni nadie se opondría a nuestra felicidad, no fue fácil y más al recordar lo que vivimos y sobre todo cuando una semana atrás un positivo nos reconfortó, siendo sincera, lo esperábamos, no nos cuidabamos y queríamos a un pequeño en nuestras vidas