La niña veía ascender los números del elevador, sabía que en cualquier momento las puertas se abrirían. Esperó y estás se abrieron. Entró con seguridad, sabía lo que hacía, ya su abuelo le había enseñado a subir ascensores, así como le enseñó a leer y como le enseñó muchas cosas más. Era muy inteligente, todos se lo decían y ella también.
El elevador la dejó en el pasillo deseado, primero sacó su pequeña cabeza y al no ver moros en la costa salió completamente de allí, siguió las instrucciones