Parte once

—Ok, solo ese pedacito, y no creas que siempre va a funcionarte.

Ella sonrió satisfecha.

Él continuó conduciendo, ella comía los chocolates. Al llegar se bajó para abrirle y recoger las compras, Violet se acomodó el abrigo y entró.

Desde afuera escucharon los gritos de alegría de Salomé, Violet llamó a la puerta con la esperanza de que su hija la hubiera extrañado tanto como ella.

La jefecita agitó sus manos mientras llamaba con alegría a su padre.

Lana se acercó a Violet y para evitar hacerla
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