—Ok, solo ese pedacito, y no creas que siempre va a funcionarte.
Ella sonrió satisfecha.
Él continuó conduciendo, ella comía los chocolates. Al llegar se bajó para abrirle y recoger las compras, Violet se acomodó el abrigo y entró.
Desde afuera escucharon los gritos de alegría de Salomé, Violet llamó a la puerta con la esperanza de que su hija la hubiera extrañado tanto como ella.
La jefecita agitó sus manos mientras llamaba con alegría a su padre.
Lana se acercó a Violet y para evitar hacerla