—Interesante —le acarició los pechos—, ¿qué te gustaría desayunar?
—Ah, lo haré en casa, ya nos comimos el postre antes.
—Ok, iré a dejarte, a saludar a la jefecita y haré el desayuno, piensa en mi propuesta, prometo que te gustarán los despertares a mi lado. Piénsalo, tú, nuestra hija y yo siendo una familia.
—Lo somos, vamos un poco despacio, debo asumir que tendré marido.
—Ok, piénsalo, te gustará, me aseguraré de ello.
—Muy adecuado, me gustas Ignacio —le acarició el brazo que la arropaba—.