—Solo por ella le daremos importancia —la tumbó aprisionándole las manos—. No me importa reconocer que estaba en un error, quiero que todos sepan que eres mi mujer, alejará a los interesados, no quiero que piensen que eres una mujer libre.
—No hubiera imaginado que resultaras tan tóxico, Ignacio.
—No soy tóxico, no conozco ese término.
—Sí, tampoco eras celoso.
—No eran celos, era una estrategia, por cierto, tengo mi regalo para Salomé, ¿tú quieres que compre algo? Lo que desees, ya que no quie