[DANE]
Tenerla sentada frente a mí en esta mesa, rodeados de gente, es todo un reto. Me obligo a no mirarla más de la cuenta para no romper nuestro contrato. Me prohíbo sonreír cada vez que hace un gesto gracioso, cuando bromea con su hermana o cuando la mira con ese orgullo tan transparente. Mantengo las piernas quietas bajo la mesa para no caer en la tentación de rozarla con el pie y jugar a esto que no sé muy bien qué es.
Por otra parte, Martin la mira como si fuese su presa y él el león hambriento. Me dan ganas de decirle que ni lo intente, pero no puedo: él no sabe que esta mujer es precisamente de quien le estaba hablando hace un rato.
Santiago, por su lado, no puede dejar de mirar a Sara, y sin poder evitarlo sonrío. Me recuerda a mí a los diecisiete, enamorado de una chica del colegio que ni siquiera me devolvía la mirada.
—Qué bueno que pudiste venir —le dice él a Sara.
Ella sonríe tímida, con las mejillas sonrojadas.
—Agradécele a mi hermana, que se peleó con mi papá porque