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—No más mentiras. Lo prometo. —Olivia entrelazó sus manos y las puso sobre su corazón agitado.—Seamos felices. Asegurémonos de estar juntos, Alejandro. Hasta que seamos tan viejitos como el abuelo.
—Tampoco seremos eternos. Estás pidiendo demasiado, Olivia.
—¡Qué malo eres! ¡No seas así!—A pesar de que le dio un golpe en el pecho, Alejandro atrapó su manita y la llenó de besos.—Él nos ayudó a estar juntitos otra vez. Es por él que nadie nos ha venido a molestar.
—¿Él te dio la idea de encerrarm