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—No más mentiras. Lo prometo. —Olivia entrelazó sus manos y las puso sobre su corazón agitado.—Seamos felices. Asegurémonos de estar juntos, Alejandro. Hasta que seamos tan viejitos como el abuelo.
—Tampoco seremos eternos. Estás pidiendo demasiado, Olivia.
—¡Qué malo eres! ¡No seas así!—A pesar de que le dio un golpe en el pecho, Alejandro atrapó su manita y la llenó de besos.—Él nos ayudó a estar juntitos otra vez. Es por él que nadie nos ha venido a molestar.
—¿Él te dio la idea de encerrarme, no es así?—Ante la risa inocente de Olivia, el alfa negó con la cabeza.—Ese viejo es el diablo.
—Alejandro...
El suave murmullo de Olivia sonó muy cerca de su oído, la omega se acomodó de tal forma contra él que, ahora Olivia le rodeó la cintura con una pierna, y estaba medio acostada sobre el alfa mientras le daba besitos en el cuello, la barbilla y le mordía la oreja.
—Alejandro...
—¿Mmmm?
—¿En serio te gustó?
Alejandro asintió mientras dejaba que Olivia jugueteara con el lóbulo de su oreja