ALESSANDRO
Leticia tragó saliva cuando mencioné que encontraría algún modo de tenerla. Cuando pensé que preguntaría mis posibles métodos, solo cambió de tema.
—¿Tu padre está casado?
Inesperadamente, con aquella pregunta, mi humor de por sí áspero, se agrió aún más. Pensar en la esposa de mi padre, hizo que riera de un modo sarcástico que solo yo comprendía.
—Lo está —musité sin ningún atisbo de emoción.
—¿Hace tiempo? ¿Cómo es tu relación con ella? —siguió preguntando y me crispé por dentr