Capítulo 65. Las hijas lunares
La mañana llegó sin dar tregua. Alina se había quedado despierta después de la pesadilla, con el corazón inquieto y la mente atrapada en el rostro de aquella joven encadenada. Cuando una doncella llamó a la puerta para invitarla a tomar el té con Matilda, aceptó sin pensarlo. Necesitaba respuestas.
El salón de la anciana era un lugar cálido, adornado con tapices que narraban batallas pasadas y estanterías repletas de libros antiguos. El aroma del té de hierbas llenaba el ambiente. Matilda estab