Capítulo 54. Profecías
Alina entró en la habitación en silencio. La vela que había dejado encendida sobre la mesa de noche había reducido su llama a un hilo tembloroso. Devon dormía boca abajo, con el brazo extendido hacia el lugar vacío que ella había dejado en la cama. Por un instante, se quedó mirándolo, preguntándose cómo decirle lo que había descubierto.
El crujido del piso hizo que él abriera los ojos de golpe, alerta como siempre.
—¿Dónde estabas? —preguntó con voz ronca, incorporándose sobre un codo. Su mirad