Capítulo 51. La mazmorra
La mazmorra estaba sumida en una penumbra espesa, iluminada apenas por una antorcha clavada en la pared. El silencio del pasillo subterráneo se rompió con el suave crujido de la puerta al abrirse. Soriana entró, llevando una lámpara de aceite en una mano y una sonrisa cargada de falsedad en su rostro.
Joseph, sentado contra la pared con las muñecas esposadas, levantó la cabeza al verla. Sus ojos azules, cansados pero fieros, la siguieron hasta que se detuvo frente a la celda.
—Vaya, la perra de