Los días pasaban, pero **Zack** no podía sacar a **Carmen Esmeralda** de su mente. Revivía los momentos hermosos que habían compartido, los desafíos que superaron juntos. Hoy, en el trabajo, la observaba con el anhelo de hablarle, de que todo volviera a ser como antes. La angustia lo carcomía.
Fue entonces cuando **Lino**, su compañero de trabajo, se acercó, notando la desesperación en el rostro de Zack.
— ¿Qué tal, amigo? ¿Por qué tan preocupado? Tu impaciencia me inquieta. ¿Qué te sucede? — p