308.
Mariano se acerca a toda prisa.
Le sostuvo una mano entre una de las suyas y con la otra tocó la frente para verificar si había fiebre.
Pero no era eso.
La toma entre sus brazos y le da suaves palmadas en la espalda. Para calmarla.
Mariano sintió un pequeño nudo en el pecho.
Otra vez.
Era la misma expresión.
La misma respiración entrecortada.
El mismo miedo.
Ya la había visto así.
Esperaba que, después de lo de Miguel, no tuviera que verla de la misma manera.
“¡Aaah!”, se despierta Matilda y al