Los días eran complicados, sí señor, pero también traían cosas buenas.
—Tus abuelos no tienen nada que ver con tu accidente —declaró Brianna con una firmeza que no dejaba lugar a dudas.
Frente a ella, en la cama, Kane frunció el ceño. Junto a él, al borde, Evie abrió los ojos de par en par y luego arrugó la cara.
—¿Cómo es que…?
—Antes de que mi madre muriera, la escuché hablar por teléfono, y mencionó el apellido Beresford —le comentó a Evie, que cerró la boca—. En parte por eso decidí casarme