LEONARDO
La tensión en la sala se vuelve espesa, casi palpable. Estamos los cinco allí: Gema, Kain, Bel, yo… y el Sombra, que ahora tiene su sonrisa torcida congelada en los labios.
Kain da un paso al frente, dejando caer el cuerpo del verdadero del Sombra delante de él con un golpe seco. Después, sin avisar, apoya una de sus garras—una enorme garra— justo en la yugular de su cuerpo ‘dormido’ o como lo llame.
El Sombra arquea una ceja intentando parecer indiferente ante la amenaza silenciosa de