Início / Romance / Encadenada a tu frialdad / CAPÍTULO 12: Demasiado tarde
CAPÍTULO 12: Demasiado tarde

Después de ese día

Alina dejó de intentarlo completamente.

Pero esta vez no fue como antes.

No era orgullo.

No era estrategia.

No era un juego.

Era cansancio.

Uno profundo.

Silencioso.

Irreversible.

No podía más.

Las mañanas se volvieron simples.

Se levantaba temprano, se vestía con la elegancia de siempre, bajaba al desayuno solo si era necesario… y hablaba solo lo indispensable.

Educada.

Correcta.

Distante.

Ya no buscaba su mirada.

Ya no respondía a su presencia.

Ya no esperaba nada.

Y eso…

lo cambiaba todo.

Darian lo notó desde el primer momento.

No fue inmediato, pero fue claro.

Alina ya no reaccionaba.

Ni siquiera lo desafiaba.

Y eso…

no era normal.

Porque antes había tensión.

Antes había palabras.

Antes había algo que romper.

Ahora…

no había nada.

Y eso era peor.

Mucho peor.

La vio varios días después.

En la biblioteca del palacio.

Sentada en uno de los sillones junto a la ventana, con un libro abierto sobre las piernas.

Pero no estaba leyendo.

Solo miraba hacia afuera.

Perdida.

Tranquila.

Lejos.

Darian se detuvo en la entrada.

Observándola.

Esperando.

Nada.

Alina no levantó la mirada.

No reaccionó.

No sintió su presencia.

O tal vez sí…

y simplemente no le importó.

Darian avanzó.

Paso firme.

Controlado.

—Alina.

Su voz rompió el silencio.

Ella parpadeó apenas.

Como si regresara de algún lugar lejano.

Y entonces lo miró.

Pero no como antes.

No con frialdad.

No con desafío.

Sino con algo peor.

Vacío.

—¿Sí?

Ese tono…

no le gustó.

—Tenemos que hablar.

Alina cerró el libro con suavidad.

—No.

Silencio.

—No es opcional.

—Para mí sí.

Otra vez.

Las mismas palabras.

Pero ahora…

no había carga.

No había tensión.

Solo una verdad simple.

—Esto no puede seguir así.

Alina lo observó unos segundos.

Y luego…

se puso de pie.

Con calma.

—Ya está así.

El golpe fue suave.

Pero definitivo.

Darian frunció el ceño.

—No puedes simplemente—

—Sí puedo.

Lo interrumpió.

Sin elevar la voz.

Sin emoción.

—Y lo hice.

Silencio.

Pesado.

Incómodo.

—Esto nos afecta a ambos.

—No.

Darian dio un paso más cerca.

—Claro que sí.

Alina negó ligeramente.

—A ti tal vez.

Esa respuesta…

lo golpeó.

—A ti también.

—No.

Su voz fue firme.

Segura.

Irrompible.

—Ya no.

El aire se volvió más denso.

—No puedes simplemente apagarlo.

—Nunca estuvo encendido.

Mentira.

Ambos lo sabían.

Pero ella la sostuvo.

Y eso fue lo que importó.

Darian la miró fijamente.

Buscando algo.

Cualquier cosa.

Pero no había nada.

No había grietas.

No había emociones visibles.

Nada que pudiera usar.

Nada que pudiera romper.

Y eso…

lo desestabilizaba.

—Lo de ese día—

—No lo menciones.

Lo cortó.

Seco.

Directo.

Final.

Darian apretó la mandíbula.

—No puedes ignorarlo.

—Mírame.

Lo dijo sin elevar la voz.

Pero esta vez…

no fue una invitación.

Fue una advertencia.

Darian la miró.

De verdad.

Y entonces…

lo entendió.

No completamente.

Pero lo suficiente.

Alina no estaba fingiendo.

No estaba jugando.

No estaba protegiendo su orgullo.

Estaba…

desconectando.

Y eso…

no era algo que pudiera controlar.

—Esto no es lo que quiero —dijo él.

Las palabras salieron más suaves de lo esperado.

Más reales.

Más peligrosas.

Porque no eran frías.

Alina lo observó.

Y por un segundo…

algo casi apareció en sus ojos.

Algo humano.

Algo que dolía.

Pero desapareció rápido.

—No siempre se obtiene lo que se quiere.

El silencio que siguió fue distinto.

No era tenso.

No era explosivo.

Era…

definitivo.

Darian dio un paso más cerca.

—No he terminado contigo.

La frase salió baja.

Intensa.

Pero esta vez…

no tuvo el mismo efecto.

Alina no retrocedió.

No reaccionó.

No cambió.

—Sí lo hiciste.

Y esa fue la peor parte.

Porque no lo dijo con rabia.

Ni con orgullo.

Ni con dolor.

Lo dijo como un hecho.

Como algo ya decidido.

Como algo que ya no iba a cambiar.

Darian se quedó en silencio.

Sin respuesta.

Sin movimiento.

Y eso…

no pasaba.

Nunca.

Alina tomó su libro.

Pasó a su lado.

Sin tocarlo.

Sin mirarlo.

Sin detenerse.

Y caminó hacia la salida.

—Alina —dijo él.

Por primera vez…

no como orden.

No como advertencia.

Sino como algo más.

Algo que no sabía nombrar.

Ella se detuvo.

Solo un segundo.

Pero no se giró.

—No vuelvas a llamarme así si no sabes lo que significa.

Y siguió caminando.

Desapareciendo por la puerta.

Dejándolo solo.

Otra vez.

Pero esta vez…

no era lo mismo.

Porque ya no era ella alejándose.

Era él…

quedándose atrás.

Y por primera vez…

sin saber cómo alcanzarla.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App