—Por favor, mami, por favor —suplicó Lea frente a su madre que intentaba poner en orden las deudas en la mesa de la cocina—. Irá su papá, por favor.
Alessia se sonrojó sólo con imaginar a su jefe; su hija estaba obteniendo el efecto contrario al mencionarlo.
En la fiesta de bienvenida todo le pareció de ensueño, pero a la claridad del día siguiente sintió que estaba enloqueciendo. Para empeorar —o mejorar, Alessia no estaba segura— en la semana laboral apenas si tuvo tiempo de hablar con Matthe