El mozo se acercó para preguntarme que iba a querer beber, mientras repasaba la barra con una franela.
–¿Qué me recomienda para un corazón roto?
–Un tequila. Pero aún es temprano.
–Entonces quiero una margarita.
–Enseguida le sirvo señorita.
Mientras observaba el antro, las personas bailando desinhibidas sin pudor alguno; sudadas, pegados uno al lado del otro como pequeños insectos apareándose con la luz tenue entre apagado y encendido mientras que varios flashes de neón encandilaban la pista