Estaba dispuesto a traer al mismo infierno a la tierra.
Mi padre iba hablar pero lo paré en seco. Ya no soportaba tenerlo cerca.
–Sólo dime una cosa… ¿Por qué me enviaste a un internado en Suiza si amabas tanto a mi madre?
El silencio se hizo presente entre nosotros, como si se pudiera cortar la tensión con un cuchillo.
–¡Eso creí! – dije y luego me reí dándole la espalda.
–Hijo…
Se acercó a mí lentamente para posar su mano en mi hombro de forma amistosa, o tal vez para intentar arreglar las co