Su amiga la miró de lejos y se acercó cual cazador a sus presa sin alertar a la misma para que está no se asuste. Al estar lo suficientemente cerca, Alice se volteó a ver la cara de endiablada de su amiga y creyó que el infierno existía tal vez. Lori sin pensarlo dos veces, le dio un buen bofetón para que ella pudiera entrar en razón, a lo que ella respondió tocándose su mejilla ardiente para calmar el dolor.
–¡Ah! –Dio un pequeño gritito–, ¿Estás loca?
–Escúchame bien, Alice. Soy tú mejor ami