Vladímir
Han pasado ya los cuarenta días que, según mi madre, es lo que Any se debe de cuidar. Ha sido muy difícil todo esto; cada vez que me acerco a mi Any, mi madre me regaña. Me siento como un niño pequeño que no puede comerse su golosina, pero sé que mi madre lo hace por un bien. Pero esta noche será diferente.
Voy llegando a la casa después de ir por algunas cosas para mi hija. Cada vez se pone más gordita. Pero ella se parece mucho a mi Any.
Entro a la casa y me recibe Irina.
—Hola, seño