Noto como el traga saliva y no pierdo de vista ninguno de sus movimientos. Hasta que el me responde.
—Pues ya lo sabes, tuvo un pequeño accidente y el doctor no pudo hacer nada —me cuenta. Noto su voz algo temblorosa.
—¿Pero qué accidente fue? —Me levanto de la silla y me acerco a él; los dos nos vemos atentamente.
—No lo sé, ya no lo recuerdo —declara y esa respuesta me hace enojar. Lo tiro de la silla, él cae al piso y me abalanzo sobre él.
Lo comienzo a golpear. Él intenta defenderse, pero