De regreso a la oficina, Valeria confiaba en que iba a congeniar un poco más con su jefe, que debía estar de muy buen humor después de haber almorzado con Dayana, pero después de haber entrado al despacho, Hortensia se acercó a ella y, con su celular en la mano, le indicó a la joven que Franco estaba al teléfono.
—¿Aló? —dijo Valeria cuando recibió el celular y lo colocó contra su oreja.
—Niña —dijo Franco, al otro lado de la línea—. Necesito que venga a la dirección que le voy a dictar, rápid