Un poco antes del mediodía, cuando estaban revisando el quinto caso, el celular de Franco sonó y Valeria pudo ver la sonrisa que se dibujaba en el rostro de su jefe, pese a que intentó disimularla. Debía ser Dayana. Después de ofrecerle un guiño a Valeria, Franco se levantó y contestó la llamada y, aunque intentó concentrarse en los documentos de la carpeta que revisaban, Valeria no pudo evitar escuchar lo que su jefe decía.
—Sí, sí, no te preocupes. Lo sé y lo entiendo —decía Franco, una y o