Bianca tragó y apoyó su espalda en el asiento, su cabeza girada hacia la derecha con vista fija en el perfil del pelinegro. Un sentimiento de amargura bajaba por su garganta y se revolvía en su estómago. Estaba aterrorizada. Bianca sentía que podía tocar el cielo cuando estaba al lado de Liam, así de fácil, así de rápido, pero al mismo tiempo sabía que podía terminar realmente dañada. Tener que contar su vida, darse a conocer, era algo que le causaba un gran pánico, aunque Liam parecía genuinamente interesado.
—Todos son así al principio—pensó con amargura. Sacudió la cabeza. Daba igual, se había dicho a sí misma que disfrutaría los buenos días que estaba teniendo con los Palmer por el tiempo que durara y lo haría al máximo.
Liam se carcajeó mientras su cabeza se iba hacia atrás, chocando levemente con el asiento mientras su nariz se arrugaba y sus hombros subían. Leo hizo exactamente lo mismo. El pelinegro estiró su mano para beber un poco de su refresco mientras seguía soltando pequ