Capítulo 98

—Alguna vez te lo dije: son mi familia y haré lo que sea necesario para ayudarlas, aunque mis sentimientos no sean correspondidos, siempre podrás contar conmigo. —Piero pone su mano en mi mejilla y la acaricia con cariño.

El dolor en su rostro estruja mi corazón, me siento tan mal, como si fuera una ingrata. Me abrazo a su torso y escondo mi rostro en su camisa. Sus brazos me envuelven con ternura y creo que su cercanía me hace sentir aun peor.

—¡Ya era hora de que llegaran!

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