Mundo ficciónIniciar sesiónPor un momento nos vemos directo a los ojos, su frente se llena de sudor y su piel se ve pálida, temo por su vida. De pronto desvía su mirada, extiende su abanico y lo lanza haciéndolo girar por el aire, este parece una sierra pues corta la cabeza de un panzer y se entierra en el pecho de otro.
—Me quedaré aquí, si Dios lo permite nos veremos al final, cuando todo esto termine. —Toma su otro abanico y me lo extiende.
Cuando lo tomo







