Capítulo 128

Mis piernas están amarradas así como mis muñecas y la única luz del lugar está sobre mí. Sacudo la cabeza y el agua fría recorre mi piel proporcionándome temblores involuntarios y que mis dientes castañeen.

—¡Por fin!

Esa voz irritante cobra forma, un hombre alto de cabellos rubios y presencia imponente camina frente a mí complacido por tenerme despierta. Me analiza con la mirada y me sonríe

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