RAMIRO
Cuando levanto la mirada, Rodrigo sigue observándome con sus ojos llenos de decepción.
Avanza hacia mí, extendiéndome el teléfono.
—Dime dónde está Laura. Ahora.
No intento resistirme. No tiene sentido.
Le doy la dirección.
Rodrigo no pierde el tiempo. Marca un número y lo coloca en su oído.
—Montenegro, necesito que te pongas en marcha. Tenemos la ubicación.
Sin más palabras, se gira y se mira —De esto ni una palabra a Martín. Voy a recuperar a mi hija.
Luego se va junto a mi madre, lle