LAURA
Después de recoger a los mellizos, volvimos a casa. Viviana estaba allí, esperándonos con una sonrisa radiante. Se notaba que estaba feliz de vernos juntos, como en los viejos tiempos, como cuando éramos niños y no había nada que nos separara.
—¡Por fin llegaron! —exclamó con entusiasmo—. Cuéntenme, ¿cómo les fue en la hacienda?
Nos acomodamos en la sala y cada quien compartió su versión de los días que pasamos allí. Hablamos de los paseos a caballo, las noches estrelladas y la tranquilid