LAURA
Desperté con una sensación extraña, una mezcla de felicidad y ansiedad latiendo en mi pecho. La noche anterior había sido una locura, un juego de provocación y deseo que aún me hacía sonreír al recordarlo. Martín debía estar desesperado.
Me desperecé lentamente, disfrutando de la calidez de las sábanas antes de levantarme. Me vestí con calma y bajé las escaleras hacia el comedor, pero al escuchar las voces, mi sonrisa se desvaneció.
Reconocí de inmediato la voz de Bryan.
Al entrar, noté l