MARTIN
Cojo un cubito de hielo y lo deslizo por su espalda, siguiendo el camino de su columna. Su respiración se agita, su piel se eriza, y yo disfruto cada segundo.
—Estás hermosa cuando te rindes, Laura. Esta noche es para que recuerdes quién soy para ti.
Con cuidado, desabrocho la mordaza y la retiro. Sus labios están hinchados, su respiración entrecortada. No le doy tiempo a recuperarse; capturo su boca en un beso profundo, demandante, como si pudiera marcarla con ese simple gesto.
—Recuést