Capítulo 36. Codiciando a la mujer de mi hermano.
—¡Ethan, hermano, volviste! —exclamó Olivia, alzando la voz más de lo normal para que Maxwell pudiera escucharla.
Aunque no podía creerlo ni asimilarlo del todo, tenía la fuerte corazonada de que era él.
En el interior de la habitación, Maxwell abrió los ojos de par en par y soltó a Valentina bruscamente, como si el contacto le quemara la piel.
Sin pensarlo, corrió hacia la pequeña terraza, cuyos muebles temblaron ligeramente bajo el peso de su apresurado avance.
Era un movimiento desesper