Capítulo 111. Fase maravillosa.
Laurita estaba sentada en el sofá de la sala, observando atentamente cómo Valentina, con una ternura infinita, amamantaba a Oliver.
Los ojos grandes y curiosos de Laurita seguían cada movimiento de su madre, desde la forma en que acomodaba al bebé hasta la sonrisa suave que se dibujaba en su rostro mientras lo miraba.
De repente, la pequeña se levantó y se acercó con pasos cautelosos, casi reverentes, como si temiera interrumpir un momento sagrado.
—Mamita, ¿quieres más a Oliver que a mí? —pr