Capítulo 109. Una sentencia.
Maxwell observaba cómo todos los duques congregados en la sala, tenían sus miradas clavadas en él como aves de rapiña, listas para devorar a su víctima. Y a pesar de comprender la razón de su interés, no se inmutaba.
Se convencía a sí mismo de que no eran más que insectos intentando picarlo, y no se apresuraba.
Era consciente de que cada uno de ellos guardaba secretos mucho más oscuros que el único fallo que él había cometido.
Las paredes revestidas de damasco en tonos de rojo intenso y oro,