Ariana lloró toda la tarde de ese día. Una sensación de vacío se apoderó de ella. Ver a su amiga con el cuerpo maltrecho y dolorido significaba una verdadera tortura.
Al día siguiente, en su cabeza repasó uno a uno los pasos a seguir. Hizo de lado su desconsuelo. Toda su concentración se la llevó la próxima visita de Frida Falkenberg.
Cada hora transcurría lenta, eterna. El peso de la ansiedad le oprimía el pecho.
A las ocho de la noche, Axel apareció en la entrada de la casa. El corazón de Ari