Ariana se dejó callar por esa lengua caliente y hábil. Sus pasos fallaron. Cayó desvanecida ante las caricias obscenas de Axel.
En otro lugar de la ciudad, Karina sufría las consecuencias de sus decisiones. En sus pesadillas, la visitaba aquel ser sin escrúpulos que la había violada, ese tipo obeso y canoso que, con una sonrisa perversa, hizo con ella lo que quiso, un simple objeto. Las lágrimas caían con fuerza por sus mejillas, como si su angustia no tuviera fin.
―¡Para, detente, esto no me g