El dulce aroma de los waffles belgas flotaba en el aire del comedor.
Alana renegaba al tener que desayunar avena con plátano y almendras.
—Deja de llorar —dijo Axel, con una expresión seria pero serena en el centro de la mesa. No daba tregua a que los berrinches de la niña siguieran.
Alana apretó los labios, y se le formó un puchero. Miró a su hermana frente a ella.
—Sí —dijo la pequeña finalmente.
Ariana exhaló con pesadez. Al lado de su hermanita, la enfermera le ayudaba a comer su