Axel cortó la llamada con su abogado. Ariana había escuchado la media hora de plática con atención; en resumen, Bianchi le demandó que apresurara las cosas en el caso de su hermana. Sin importar las personas que debía sobornar, necesitaba que la balanza estuviera a favor de Ariana Herrera.
―¿Feliz? ―Enarcó una ceja y, sin preámbulos, avanzó hacia ella, sin poder contenerse.
Los besos cada vez más ardientes y profundos. El innegable deseo de tomarla hasta cansarse lo dominó. Las caderas de ella