―Eso lo veremos ―Ariana se levantó de su silla y salió de la pequeña oficina.
Afuera, el dolor la hizo estremecerse. Avanzó con la visión borrosa. Su labio inferior temblaba, partido en un costado por la presión de sus dientes, y su nariz roja e irritada por el llanto incesante.
«Sin ella, no le encuentro sentido a la vida», pensó con agonía. Apresuró sus pasos en busca de un sanitario.
Entró al cubículo con su alma en pedazos. Una parte de ella entendía lo que la trabajadora social le explic