Maldita la hora en que Daina decidió irse a la ciudad de no haber sido, por eso ella aún seguiría a mi lado ― susurraba Leonardo mirando su computadora, pues él no se podía concentrar en su trabajo, mejor dicho, en nada.
Su mejor amigo veía desde lejos cómo Leonardo se desesperaba, ahora entendía a Daina la dejaba sola tantas veces que ni siquiera la apoyaba en los momentos que más lo necesitaba, se lamentaba tantas veces que ya no podía hacer nada.
— ¿Por qué no la olvidas? — decía su amigo m